*Gèlède es un festival anual que homenajea a "nuestras madres" (awon iya wa) que se celebra durante la época seca entre los Yorubas de Nigeria y Benin.

Caminos de alta fiesta

¿Adán y Eva eran negros?

En África empezó el viaje humano del mundo.

Desde allí emprendieron nuestros abuelos la conquista del planeta.

Los diversos caminos fundaron los diversos destinos, y el sol se ocupó de repartir los colores.

Ahora las mujeres y los hombres, arcoíris de la tierra, tenemos más colores que el arcoíris del cielo; pero somos todos africanos emigrados.

Hasta los blancos blanquísimos vienen de África.

Quizá nos negamos a recordar nuestro origen común porque el racismo produce amnesia, o porque nos resulta imposible creer que en aquellos tiempos remotos el mundo entero era nuestro reino, inmenso mapa sin fronteras, y nuestras piernas eran el único pasaporte exigido.

 

 

Eduardo Galeano.
Espejos, una historia casi universal.

Tlatelolco, montículo de arena, palimpsesto de esplendores y masacres. Gran ciudad-mercado cuyo templo mayor fue destruido y llenado de basura por los mexicas para después convertirse, bajo su tutela, en el principal emporio comercial de la cuenca de México. Último bastión de la resistencia mexica contra los españoles en 1521, víctima tenaz de la sed y el hambre hasta la derrota. Tlatelolco, que hacia 1860 se desdibuja como pueblo indio para transformarse en barrio de la ciudad de México, absorbido por la urbe y vuelto desde entonces hogar híbrido de mestizos y europeos. Tlatelolco, territorio de un antiguo señorío indígena que nuevamente, al finalizar la década de 1950, fue reconvertido en unidad habitacional, prototipo de la planificación urbana moderna cuya enorme “plaza de las tres culturas” –pirámide, iglesia y rascacielos– muy pronto sería escenario de un crimen de Estado: 1968 masacre durante un mitin, punto final del movimiento estudiantil.

 

Desde allí nos mira con su rostro de máscara el personaje que Raul Zito (Brasil) y Toztli Abril de Dios (México) pergeñaron para encarnar, quizá, la vertiente africana, marginalizada, invisibilizada del mexicano, que no es sino un avatar de la misma vertiente  de la población latinoamericana, americana, y en última instancia de toda la humanidad; o tal vez para señalar la contundencia de las mezclas y la inconsistencia de cualquier racismo: África como signo de origen absoluto, de la imposibilidad de toda pureza. Este hombre-venado de largas barbas y largos cabellos, de nariz ancha y con un saco de vestir desaliñado nos mira sentado en el último plano de una multitud, al frente de la lista, incompleta, que asienta sobre una estela de concreto los nombres de quienes murieron allí, en Tlatelolco, en 1968. Nos escudriña también moviéndose solo, en cuclillas, entre los restos del antiguo templo indígena, dos veces destruido y semi-recuperado de los escombros por un Estado que se empeña en refundar su mito de inclusión sobre la base de pueblos en ruinas: el esplendor de las civilizaciones indígenas desaparecidas, como si no se contaran hoy, por millones, sus descendientes.

 

Ésta y otras presencias negadas, soterradas, afloran en torno al enmascarado que sigue mirándonos desde diferentes puntos del Mercado de Sonora, un producto más de las políticas de desarrollo urbano implementadas en la ciudad de México en la década de 1950, hoy famoso entre propios y extraños por su comercio de animales vivos, herbolaria, magia y ocultismo. Semejante vendimia, sin duda parcialmente producto del exotismo y el “new-age” global, constata también cuán viva permanece la ritualidad nativa, amerindia y africana. Y aquí, el venado se vuelve toro y deambula entre los puestos de carnes, frutas y verduras para llevarnos después al “zócalo”, plaza mayor de la megalópolis Ciudad-Mexico-Tenochtitlan, crisol de crisoles donde se traslapan los cuatro continentes del orbe, el pasado y el presente. Allí, entre los humos “que limpian” de quienes han continuado, retomado o reinventado prácticas chamánicas ancestrales, el hombre-toro se aparece, no sabemos si como chamán o como paciente que se somete a los procedimientos de limpia.

 

Toro sobre un fragmento del mar de lava volcánica que arrojó la erupción del Xitle hace 1670 +/-35 años y que un grupo de artistas transformó en Espacio Escultórico allá por los años 1970s; venado “tlatelolca y sonorense” que se retrata también en los pasillos del Sistema de Transporte Colectivo Metro: fantasma de pasados remotos y trágicos, reminiscencia de mezclas fructíferas que nos invita a desenterrar, visibilizar, recuperar lo que no siempre queremos ver de nuestra humanidad.

 

 

Danna Levin Rojo

Ciudad de México, 27 de marzo de 2019

 

Orígenes del proyecto

Todo comenzó luego de un encuentro, como un juego y con el goce propio de la fiesta  que rodea la tradición de la máscara en el contexto afromestizo. Una coincidencia geográfica que se tradujo en colaboración artística conformada por derivas entre diversas disciplinas artísticas y llevadas a cabo en el contexto del espacio público por Raul Zito -artista visual- y Toztli Abril de Dios -creadora escénica- en las inmediaciones de la Ciudad de México.

Las acciones llevadas a cabo por éste binomio creativo empiezan y terminan el la calle, van desde la intervención performativa hacia la producción de imágenes con la finalidad de la creación muralística realizada habitualmente por Raul Zito. Ambos caminan en espacios de la creación artística que se caracterizan por situarse en los bordes, en las grietas, en los quiebros; en esos lugares no evidentes, ubicados entre los límites donde se entrelazan los lenguajes artísticos actuales y que se niegan a ser clasificados de manera unánime.

Intereses

"Borrar la identidad para hacer ver la entidad..."

Una de las principales preocupaciones que nos reúnen para llevar a cabo éste proyecto es la de borrar las fronteras entre países latinoamericanos a través del eje matriz: ÁFRICA. Esto nos invita a imaginar una “PanAFROamérica”, un territorio nuevo en donde podamos descubrir en cada uno de nosotros el gene “afro” en nuestra corporalidad y en otros rasgos culturales que definen nuestras identidades latinoamericanas. Proponemos la descolonización del cuerpo; un cuerpo afrolatino que no obedece a un estereotipo: ni blanco, ni negro, ni indígena, pero todos.

 

Este enfoque nos llevó a indagar en las manifestaciones culturales afro-mestizas que implican el uso de máscaras ya que están relacionadas íntimamente con el movimiento y permiten a quién la porta, acceder a dinámicas lúdicas que indudablemente revelan la potencia de una ancestralidad oculta que ha resistido a través de siglos.

 

Nuestra prospección no es de carácter etnográfico; buscamos inspiración en estos anclajes tradicionales tratando de darles un giro interpretativo para generar formas contemporáneas a partir de tradiciones existentes. Consideramos ésta acción como una obra de “ficción documental’ por lo que intentamos crear una narrativa a partir de la noción del “objeto simbólico” en dislocación de su contexto habitual. Las emersiones de las máscaras creadas específicamente para éste son apariciones: juegos de presencia-ausencia que gravitan entre el ocultamiento y el desvelamiento y revelan también una posición política al negar imponerse como centro de la acción. Cada aparición no es anodina, corresponde a lugares emblemáticos y es registrada gracias al recurso de la fotografía porque, a posteriori, una o varias son impresas en gran formato de manera a generar murales que amplíen y congelen la duración de la obra performativa.

 

Empezamos este proyecto en México e intentamos recorrer otros países de América Latina ya que consideramos fundamental abrir la conversación sobre la situación actual de las poblaciones afrodescendientes y de los procesos de aculturación, invisibilización y resistencia por los que han atravesado a lo largo de siglos. Creemos en la potencia de las imágenes y de las posibilidades que éstas generan en el imaginario de las personas y buscamos darle forma a una especie de cartografía de la diáspora africana en América por medio de las máscaras.

 

Con este proyecto nos interesa acercarnos de los espacios museísticos para abrir canales comunicantes entre poblaciones que probablemente no se sienten representadas en estos. Por esta razón proponemos éste proyecto para los muros circundantes del recinto del EAC por situarse justamente en la frontera entre el “afuera” y el “adentro”, en el lugar que se abre a los posibles.

Concepción Visual de la Exposición

En lo que respecta a la difusión de nuestras acciones, nos hemos interesado en abrir canales comunicantes entre poblaciones que probablemente no se sienten representadas en estos, bajo ésta premisa proponemos habitualmente de ocupar espacios que se encuentren en los lindes entre el espacio público y los espacios museísticos convencionales.

 

Empezamos este proyecto en México y lo hemos continuado en Brasil. Sin embargo consideramos fundamental abrir la conversación sobre la situación actual de las poblaciones afrodescendientes y de los procesos de aculturación, invisibilización y resistencia  por los que han atravesado a lo largo de siglos en países latinoamericanos. Por ésta razón nos interesa continuar nuestra pesquisa en otras latitudes del continente Americano ya que creemos en la potencia de las imágenes y de las posibilidades que éstas generan en el imaginario de las personas.

 

- Instalación en Sao Paulo

- Instalación en la Ciudad de México

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